Uno de esos días

Siempre se dice que hay que saber ser felices por nosotros mismos, independientemente de los demás. Y la teoría está bien… pero la práctica es más complicada.

A todos nos ha pasado levantarnos un día y darnos cuenta de que tenemos un humor horrible. Uno de esos días en los que estamos activos (o eso creemos) y queremos hacer cosas pero ni se nos ocurre qué hacer ni nos apetece hacer nada en especial. “Quiero salir pero no quiero hacerlo solo ni llamar a nadie”, “quiero ver una película pero no sé cuál”…

Es el día de los PEROS. El día de buscar excusas para no hacer lo que queremos hacer y de pasar de una actividad a otra sin terminar de llevar a cabo ninguna. Un día de horas eternas del que seguramente al final no saquemos nada bueno. Y lo mejor de todo es que no sabemos cuál es la razón por la que estamos así. ¿Las hormonas? ¿Un día raro? ¿El ciclo lunar? Misterios de la vida…

En medio de esa incomprensible batalla contra nosotros mismos de repente aparece alguien. Ya sea amigo, hermano o pareja, ese alguien aparece como un salvador y te cambia el día. Y sólo con su presencia, con su voz o con su sonrisa es capaz de tranquilizar tu espíritu, de encauzar tus incoherencias y de, sin saber muy bien cómo, hacerte sentir mejor.

La teoría está bien y la apoyo: tenemos que aprender a ser felices solos y a disfrutar de nuestra soledad. Sin embargo, compruebo una y otra vez que cuando apareces, mi día cambia.

Anuncios

Se dice, se comenta...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s