Bucle

Me encanta oírte reír. Aunque a veces me agotes y sienta que no puedo más, que he llegado a mi límite. Aunque pierda la paciencia y discutamos. Aunque sienta que necesito huir de aquí y alejarme por un tiempo. A pesar de todo eso, de repente un día me sorprendo a mí misma sonriendo cuando te oigo reír.

Me preocupas. Por tus despistes, por tu salud y por que, si todo sale bien, dentro de poco me independizaré y tendrás que enfrentarte sola a la vida. Tanto tú como yo sabemos que te va a resultar muy duro. Más aún si al final se cumplen los pronósticos y tengo que irme de la ciudad…

Por eso, tengo que aprovechar para estar contigo, para intentar complacerte en lo que pueda. Porque te lo mereces, porque eres la que te tragas todos mis malos momentos, mis malas contestaciones sin razón y mi silencio. Porque veo a mi hermana sufrir cuando tiene que estar un año sin verte.

Sin embargo, a pesar de mis buenas intenciones, nunca llevo a cabo nada de eso. Siempre hay un comentario, un gesto, una “broma” que me hace daño, que mina mi moral, que me recuerda lo diferentes que somos y me rindo antes de empezar a cumplir mis buenos propósitos.

Luego discutimos y en seguida me arrepiento. Y siempre es así… Un bucle en el que por una parte quiero quererte, darte lo mejor de mí y oírte reír, y por otra estoy deseando preparar la maleta y hacer mi vida porque ya no puedo más.

En fin, la convivencia es muy complicada.

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