Visita inesperada

Hace más de cuatro meses que no veo a mi padre pero hoy, si todo va bien, cenaré con él.

Viene de camino a Badajoz cruzándose el país de una punta a otra. Un viaje ya largo de por sí que se alarga aún más por la necesidad de hacer parada en Madrid para recoger a mi tía. Finalmente, serán unas nueve horas de camino que, sin duda, le pasarán factura.

Lo cierto es que el motivo del viaje no es muy agradable. Ha sido algo inesperado y organizado en poco tiempo, pero viene al fin y al cabo, y no puedo evitar alegrarme por ello.

Lo que parecía ser una semana más o menos tranquila, se ha convertido (o eso espero) en una agenda repleta de planes, de cenas y paseos. De conversaciones repetidas, banales y, seguramente, alguna que otra complicada. De echar de menos (más aún) a mi hermana. De jamón ibérico. De calamares. Y aunque, como he dicho, el motivo del viaje no sea muy agradable, prefiero quedarme con la idea de que voy a pasar un par de días con mi padre. No necesito más…

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