Papá (II)

“Haz la maleta, que nos vamos”. Una simple frase puede cambiar la perspectiva de toda una semana, pero ¡cómo iba a decirle que no!

Al día siguiente ya estaba paseando por Madrid, por las mismas calles que pisé hace apenas tres semanas, y también hace un año, y hace dos… Calles llenas de momentos y conversaciones. De fotos, risas, nervios… Sin embargo, todo parece nuevo cuando las recorro con mi padre y se emociona narrando anécdotas e intentando traer a mi memoria unos recuerdos inexistentes que deberían haberse creado hace 25 años.

Madrid es una ciudad estrechamente ligada a la historia de mi familia. Mi hermana y yo somos pacenses de nacimiento pero ambas aprendimos a andar y a hablar en un edificio blanco del barrio de Fuencarral. Más concretamente en un séptimo sin ascensor. Por eso, pasamos por el barrio con el coche por expreso deseo de mi padre y me señala entusiasmado una esquina en la que había un bar donde mi hermana se colaba tras la barra cada día, y recuerda a ese otro tendero que siempre le daba un chupachups a esa niña tan mona de pelo rizado. Mi padre repite una y otra vez: “uff, ¡antes todo esto no estaba!” y yo sonrío.

Al día siguiente vamos al centro de Madrid para seguir explorando y buceando en la memoria de mi padre, pero esta vez soy yo la que le guía entre los diferentes trenes y estaciones. Las cosas han cambiado demasiado y, mientras él recuerda historias de hace 35 años (cuando estaba soltero y tenía pelo…), yo tengo que explicarle varias veces nuestro itinerario para que se quede conforme.

Kilómetro Cero (Puerta del Sol, Madrid)

Kilómetro Cero (Puerta del Sol, Madrid)

Paseamos por Sol, Gran Vía, Callao… Nos hacemos fotos con el cartel de “El Tío Pepe”, con el oso y el madroño, el kilómetro cero…  Hablamos mucho y se ríe (yo le digo que de mí y él dice que conmigo, aunque en el fondo me da igual) y al final volvemos a casa agotados y con un “Mortadelo” bajo el brazo, para seguir rememorándo así los cómics que me compraba cuando era pequeña.

“Estás tan cansada que cuando vuelvas a Badajoz no me vas a echar de menos en una temporada”, me dice. Y yo sin pensarlo mucho le contesto: “Papá, yo siempre te echo de menos…”

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