Lo que debí decirte

27 de diciembre de 2014

Estoy triste. Tanto que no puedo evitar llorar un poco… pero poco. En realidad estas sensaciones no son nuevas, por desgracia las conozco bien.

¿Que qué me pasa? Decepción, supongo. Cansancio por vivir una y otra vez la misma realidad. Frustración, impotencia… Llevo meses sin tener una relación normal contigo, ¿es que no lo has notado? No me creo que no seas consciente de que estoy rara y distante cuando además sabes que entre nosotros siempre ha habido una relación especial. ¿Es que tienes miedo de tener una conversación conmigo? Una conversación de verdad, en la que se solucionan cosas. Porque siento decirte que con chistes y bromas esto no va a mejorar…

En el fondo pienso que no sabes ni qué hacer, que con la excusa de que eres un hombre te permites el lujo de meter la pata y luego hacer como si no pasara nada. Porque metes la pata muchas veces, ¿sabes? Y seguramente ni te hayas dado cuenta… pero es obvio que mi actitud contigo no cambió de la noche a la mañana sin razón. Razones tengo. ¡Y muchas! 

En resumen: No estás a la  altura de las circunstancias desde hace muchos años y nuestras conversaciones no sirven de nada si luego no eres capaz de demostrar lo que dices. Lo primero para ti NO son tus hijas. Eso es así, tu lo sabes y nosotras lo sabemos, así que deja de intentar hacerme creer lo contrario. Ya te lo dijo mi hermana el otro día: “no puedo creerte”. ¿Cómo va a hacerlo si 4 años después aún no has ido a visitarla a París? ¿Eso es darle la máxima prioridad a tu hija? Venga ya…

Estoy cansada de oír hablar de tu novia y de la familia de tu novia cuando luego estás ciego en relación a la vida diaria de tus hijas. ¿O acaso conoces mi rutina? ¿Alguna vez te has preguntado cómo llevo mi situación de desempleo? ¿Te has planteado en algún momento si soy feliz? Ya de paso, te repito que no quiero saber todo lo que haces por esa chica que dices que no es tu hija cuando la realidad es que vives y has vivido cosas con ella que jamás has experimentado con nosotras. Deja de engañarte y, por favor, deja de engañarnos. Porque nos duele. Bueno, voy a hablar por mi… ME DUELE. Y mucho.

Y para terminar, esperaba que tuvieras la valentía suficiente como para tener esta conversación conmigo. Al igual que esperaba tenerla yo…

12 de enero de 2015

Releo el texto que escribí después de pasar un rato contigo y me doy cuenta de que estaba realmente enfadada. Al final, te fuiste sin hacer un gesto que me demostrara que te importamos más de lo que a veces parece, pero ¿y qué? Qué más da… Sé que tarde o temprano y sin saber muy bien cómo, volveremos a pasar por una buena racha, de esas en la que hablamos a diario y te visito y nos reímos juntos. Mientras tanto, hemos vuelto a la dinámica del silencio, un silencio denso y que parece difícil de romper. Supongo que cuando no hay cosas buenas que decir, es mejor no decir nada… Ya pasará. 

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