De bodas y tatuajes (II)

Cosas buenas…

Yo, que soy de mirar siempre el mejor lado de todo y de sacar provecho hasta de las situaciones más inoportunas, he visto cosas buenas hasta en los annus horribilis en los que estaba deprimida, con ansiedad, en paro, en crisis con mi novio y con malas relaciones con mi familia. Siempre hay algo bueno que rascar y me resisto a pensar, incluso cuando me siento poco afortunada, en que no soy feliz (ya se sabe eso que dicen de que la felicidad es una actitud, no un estado). Sin embargo, el 2015 me lo ha puesto muy fácil. El 2015 me ha guiñado el ojo.

He conseguido mi primer trabajo. Ha sido duro y a veces he tenido ganas de mandarlo todo bien lejos (o incluso a mí), pero me siento tan orgullosa de mí misma… Y lo que más me entusiasma es la sensación que tengo de que lo que mejor está por llegar.

Gracias al trabajo he podido independizarme y vivir con mi novio. Mis relaciones con mi familia han cambiado: mi hermana viene a España más a menudo (para los despistados: vive y trabaja en París desde hace 5 años) y mis padres, cada uno en su medida, me tratan ligeramente diferente. Paso más tiempo con mi primo, al que adoro tanto que incluso tenía intenciones de casarme con él cuando solo éramos unos críos. Y, en general, me siento bastante satisfecha con todo.

Es decir, mi situación ha cambiado. Nuestra situación ha cambiado (la de mi novio y la mía). Y ahora me parece prioritario poder seguir juntos, viviendo juntos y riéndonos a carcajadas cada día, antes que encontrar un trabajo como ingeniera en una gran empresa que me lleve a kilómetros de distancia de él. Mi vida sencilla me hace feliz y no tengo ganas de cambiarla.

Y claro, charlando de todo esto con él, valorando el pasado, el presente y el futuro,  hablamos también del siguiente paso en nuestra relación. No obstante, llevamos ya meses escuchando hablar de bebés y bodas en conversaciones en las que, de forma poco sutil alguien nos invita a dar el paso. Dios, qué miedo. No podemos mantener un bebé con los mini sueldos que tenemos. Para tener nuestro espacio y nuestra felicidad poco exigente de pareja nuestra economía es perfecta, pero no nos podemos permitir añadir uno más a la familia. Y ya no solo por el tema económico. Hablar de una mini-B o un mini-A con mi chico hace que ponga cara de susto. Y en el fondo yo también la pongo… No estamos preparados para eso.

Sin embargo lo de la boda… Tengo que reconocer que hace muchos, muchísimos años, yo era una de esas niñas soñadoras que imaginan su boda y piensan en detalles estúpidos como la fecha, el vestido y cosas así. En mi cabeza todo cuadraba… menos el novio, claro. Y ahora tengo el novio pero lo que me falla es la idea de boda que soñaba de cría. Sigo pensando que es complicado que el amor dure para siempre como promete el árbol del amor de Gante, pero cuando vivo el día a día con él soy tan feliz que me planteo arriesgarme y firmar un papel (olvidándonos de iglesias, flores, orquestas y vestidos blancos) y decirle que quiero pasar el resto de mi vida a su lado.

-…Continuará…-

Anuncios

Se dice, se comenta...

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: